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La graduación de Jesús era el momento más emocionante para Mónica, su sirvienta desde siempre, pero en lugar de felicitarla, él la humilló frente a sus amigos. Al día siguiente, mientras Mónica se disculpaba por no haber asistido a la ceremonia, Jesús se mostró indiferente y le ordenó que se retirara, diciendo que ella no era su mamá. Pero la verdad es que Mónica lo había cuidado desde pequeño y él sabía que sus papás trabajaban en Europa, no en el dinero de los demás como siempre decía.